Desde principios, el concepto del cristal de Bohemia se asociaba con una calidad excepcional. En cierta época la materia hasta se exportaba de los montes de Bohemia del Norte a Venecia donde los vidrieros trataban de descubrir este secreto.
De una tradición larga la habilidad simplemente nace: imagínese que está llevando una carga frágil a través de toda Europa por caminos irregulares y en un vehículo común. Y después de atravesar centenares de kilómetros descubrirá que los clientes no quieren su mercancía porque no tiene nada de excepcional...
Esta tradición sigue viviendo: muchos de nuestros maestros ya ni pueden contar las generaciones de sus antecesores que se dedicaban a este oficio. Éste es el compromiso.